La CNEA en el siglo XXI: Gobernanza y Tecnología Nuclear Argentina

Estructura de gobernanza de CNEA: Problemas y propuesta

La CNEA se crea en 1950 y su primer director nacional fue el coronel E. P. González hasta 1952. Luego hubo, en el período 1950-1983, hasta la restauración de la democracia, 7 presidentes militares, oficiales de alto rango de ejército y de marina (algunos repetidos). Nace como una institución verticalista y ese rasgo se mantuvo hasta hoy. Desde hace tiempo que en CNEA ni siquiera hay un directorio (aunque la ley nacional de la actividad nuclear, 24.804, sí lo preveía). A cada persona que llega al cargo de presidente se le hace creer que está imbuida de una inteligencia y sabiduría superiores y ejerce el poder interno de una manera unipersonal y casi sin limitaciones.  Esta es una de las características más negativas e impropias de una institución científico-tecnológica moderna. Esto contrasta con otras instituciones de investigación y desarrollo y académicas, como el CONICET y sus institutos, también INTA, INTI, etc., y las Universidades Nacionales, donde existen cuerpos colegiados con participación de los estamentos que las componen. En CONICET hay representación, elegida, de los científicos/investigadores en el directorio; en las UUNN hay consejo superior y consejos de facultades, elegidos por profesores, estudiantes y no docentes. Estos mecanismos democráticos y participativos están en línea con la organización política básica de nuestro país. Además, determinados cargos se acceden vía concursos abiertos, que propenden a optimizar el nivel científico-técnico-académico de profesores, investigadores y directores de Institutos. En CNEA nada de esto ha ocurrido. Las cabezas, en CNEA y en otras instituciones del sector nuclear, han sido nombradas en muchas oportunidades y crecientemente en años recientes, por razones de afinidad política-ideológica o de amiguismo, sin tener en cuenta mecanismos de optimización de experiencia, idoneidad y logros concretos, que tienden a minimizar errores. En algunos casos, para las cúpulas, el requisito de idoneidad se transformó en meramente declamativo y vacío de contenido real y verificable. Llegamos al límite de haber tenido y tener sociólogos y abogados, sin suficiente experiencia y conocimientos, dirigiendo el sector nuclear. Cada administración que llega nombra a sus máximos colaboradores “a dedo”. Una de las pocas experiencias de participación a través de procesos electivos que venía desde hace más de cinco décadas, en lo que fue alguna vez el departamento de física en CNEA-Buenos Aires, fue desbaratada en la administración anterior a la actual (en 2024). También se suprimieron mecanismos de difusión de ideas (cartelera) donde el personal podía publicar sus puntos de vista. Todo esto conduce además a serios conflictos de intereses. Las autoridades disponen de los recursos, que históricamente no han sido pocos, para sus propios proyectos e ideas en detrimento de muchos otros. No ha habido mecanismos independientes y objetivos de evaluación de proyectos y asignación de recursos. En particular, el debate por el presupuesto debería ser participativo y profundo.

Otro de los problemas graves de la CNEA ha sido, de un tiempo a esta parte, la acentuada ineficiencia de los procesos administrativos (léase compras y muchos otros), lo cual dificulta enormemente el avance ágil de los proyectos esterilizando recursos que la Sociedad Argentina pone a disposición de la CNEA. Quiero dejar bien en claro que la responsabilidad de esta situación es de las cúpulas y no de los trabajadores. Desde hace tiempo ha habido y hay, enquistados, a nivel de una parte de la alta gerencia administrativo-burocrática, individuos no idóneos e inoperantes, que traban y esterilizan los proyectos y que no comprenden que su función es ayudar a los investigadores y tecnólogos a cumplir la misión esencial de la CNEA. Son estos últimos los que deberían conducir la institución. Con su actual capacidad de gestión, la CNEA tiene una muy baja competitividad en términos de estándares internacionales. La cúpula: de Administración y Finanzas, Asuntos Jurídicos, Relaciones Institucionales e Internacionales, etc., cree ser el centro de la institución y retiene, avalada o tolerada por las máximas autoridades, muchos resortes de poder. A pesar de estas taras y de otros grandes obstáculos, que se han ido agravando progresivamente, la CNEA ha sido capaz de alcanzar logros significativos, gracias a numerosos individuos con mucho tesón, dedicación y talento. Hoy la CNEA está viviendo dramáticamente el último acto de un proceso de degradación, siendo además asfixiada salarial y presupuestariamente, y el sector nuclear, en situación análoga, es conducido sin la experiencia y los conocimientos suficientes en el contexto de la “destrucción del Estado desde adentro”.

La CNEA del siglo XXI tiene que ser una institución mucho más participativa y profesionalizada. Quiero traer el ejemplo alemán de gobernanza. Ese modelo, conocido formalmente como Mitbestimmung (codeterminación), se distingue por integrar a los trabajadores directamente en la toma de decisiones estratégicas de la organización o empresa. Las grandes organizaciones y empresas alemanas dividen el gobierno en dos órganos separados: El Consejo de Vigilancia (Aufsichtsrat) es el órgano de supervisión. Aquí es donde ocurre la codeterminación. En organizaciones con más de 2.000 empleados, la ley exige que el 50% de los asientos sean para los representantes de los trabajadores. Su función es nombrar y supervisar a la gerencia, además de aprobar grandes inversiones y decisiones estratégicas. Y el Consejo de Dirección (Vorstand) es el órgano ejecutivo encargado de la gestión diaria. Ninguna persona puede ser miembro de ambos consejos al mismo tiempo, lo que garantiza una separación clara entre quienes ejecutan y quienes supervisan. Además, existen los Comités de Empresa (Betriebsräte). A nivel operativo (en las plantas o dependencias), los empleados eligen un Comité de Empresa. Este órgano tiene derechos legales de información y consulta, y en temas específicos —como horarios, sistemas de vigilancia o criterios de despido— tiene derecho de codeterminación, lo que significa que la empresa no puede actuar sin su consentimiento. La estructura consiste entonces en dos cuerpos colegiados: uno para la conducción operativa y otro para la conducción estratégica y supervisión. Se argumenta que esta estructura responde mejor a los propósitos de un sistema social de mercado y la realidad parece corroborarlo. El objetivo prioritario es la preservación y mejoramiento de los puestos de trabajo y la sostenibilidad de la organización. Todo esto está en línea con el artículo 14 bis de nuestra Constitución Nacional, que garantiza la participación de los trabajadores, y es interesante recordar que no proviene de 1949 sino de 1957 (para desestimar la acusación de “peronista o colectivista”). En CNEA, en consonancia con lo apuntado más arriba, cada departamento y gerencia debería tener consejos elegidos, para garantizar la participación, el sentido de pertenencia y la posibilidad de aportes de aquellos que más experiencia tienen y que contribuyen a llevar adelante los proyectos y actividades con sus conocimientos.

Ejes temáticos de CNEA

El otro gran eje de esta presentación es la ciencia y la tecnología que debieran constituir los pivotes vertebradores de la actividad en CNEA. Esta debería continuar siendo una de las grandes organizaciones de CyT de nuestro país, con sesgo temático hacia lo nuclear y perinuclear, la generación energética en sus diferentes formas (CNEA ha tenido y tiene una larga y exitosa actividad en energía solar, tanto en aplicaciones terrestres como satelitales y debería profundizar en esa línea), las múltiples aplicaciones a la salud (p.ej., a nuevas formas de radioterapia como BNCT), al ambiente y a la industria y la investigación básica y aplicada en las ciencias base de la tecnología nuclear (Ciencia de Materiales, Ingenierías, Radiobiología, Física, Química, etc.). A la par de la tecnología de reactores se debería impulsar la tecnología de aceleradores que es la otra gran vertiente de la ciencia y tecnología nuclear. Estas máquinas tienen importantes aplicaciones en producción de radioisótopos, en radioterapia, en aplicaciones industriales, y podrían llegar a tener un impacto en producción de energía y digestión de residuos muy radiotóxicos a través de los denominados sistemas ADS (Accelerator Driven Systems).

En vista del cambio climático y la imperativa desactivación de los combustibles fósiles, se prevé que la energía nuclear va a jugar un rol importante y debería entonces seguir siendo uno de los principales Leitmotiv de la CNEA. Como mínimo se prevé la triplicación de la capacidad nucleoeléctrica instalada en el mundo para el 2050 lo cual representa un enorme desafío y la perspectiva de un gran negocio. Las energías renovables y la nuclear se deberían complementar.

La Tecnología nuclear para Argentina

En cuanto a la tecnología de generación nucleoeléctrica creemos que aquella que dominamos, es decir la de uranio natural y agua pesada (D2O), HWR/CANDU, tiene que seguir siendo la más importante para nosotros. Como veremos, no hay beneficio en utilizar la tecnología de enriquecimiento. Esto no solo por las varias ventajas comparativas entre las que se cuenta que el combustible es por lo menos dos veces más barato que el enriquecido (medido por unidad de energía producida, o sea en MWe-h), sino que fundamentalmente porque lo producimos nosotros y nos da independencia tecnológica y seguridad energética. El mundo ha experimentado recientemente que esos dos elementos son esenciales para el bienestar y la seguridad de las sociedades. Comparando las dos tecnologías de un modo integral, y teniendo en cuenta la producción de radioisótopos en CANDU, el costo nivelado de la energía, LCOE, es algo menor que para LWR. Tenemos el dominio de todo el ciclo de combustible y de la tecnología CANDU. Tenemos también uranio, que debe ser explotado prioritariamente para nuestro consumo, la capacidad de producir UO2 en Dioxitek, combustibles en CNEA y CONUAR, a NA-SA (como diseñadora, constructora y operadora de centrales) y una industria que domina esa tecnología. Y tenemos la capacidad, fruto de grandes inversiones y esfuerzos, de producir nuestro propio D2O en la PIAP (hoy completamente desfinanciada), un insumo estratégico de altísimo valor agregado y escaso a nivel mundial, con múltiples aplicaciones. Esta tecnología, que nos ha permitido producir un 7-9% de la electricidad consumida en nuestro país, sufrió un intento de destrucción en el período 2017-2019, algo que desde APCNEAN calificamos de acción de lesa patria, y que fue revertido en 2021, por iniciativa de la gestión del Ing. J.L. Antúnez en NA-SA. Toda esta infraestructura y know how nos van a permitir expandir la participación de la nuclear en nuestra matriz energética y participar de un negocio, tanto en bienes como servicios, que tiene grandes perspectivas con el repotenciamiento de la tecnología CANDU en Canadá, que se suma al gran desarrollo de la India en esta línea. La nueva situación geopolítica mundial hace probable que Canadá cofinancie la expansión de esta tecnología en nuestro país, como lo está haciendo en Rumania. Esto también impulsará y maximizará la participación de la industria nacional de alta calidad, algo esencial para el futuro de nuestro país. Vale mencionar que los SMR (Small Modular Reactors), tan de moda en estos días, también pueden funcionar con Unat y D2O (hay varios diseños y máquinas de entre 200 y 300 MWe). Pero que quede dicho: los SMR, salvo para aplicaciones nicho, no pueden competir económicamente con las centrales grandes. También la versatilidad del tipo de combustible en la tecnología HWR aconseja dedicar esfuerzos al ciclo del torio, que es una promesa de obtener energía prácticamente inagotable a través del breeding de 233U. El ciclo del torio tiene la otra gran ventaja de minimizar la producción de transuránidos de larga vida media y gran radiotoxicidad.

Conclusiones

Como conclusiones, el cambio del estilo de gobernanza, el involucramiento de CNEA en toda la actividad de I&D descripta y la coordinación del sector nuclear deberían ser los pilares de su razón de ser en el futuro.

 

La CNEA se crea en 1950 y su primer director nacional fue el coronel E. P. González hasta 1952. Luego hubo, en el período 1950-1983, hasta la restauración de la democracia, 7 presidentes militares, oficiales de alto rango de ejército y de marina (algunos repetidos). Nace como una institución verticalista y ese rasgo se mantuvo hasta hoy. Desde hace tiempo que en CNEA ni siquiera hay un directorio (aunque la ley nacional de la actividad nuclear, 24.804, sí lo preveía). A cada persona que llega al cargo de presidente se le hace creer que está imbuida de una inteligencia y sabiduría superiores y ejerce el poder interno de una manera unipersonal y casi sin limitaciones.  Esta es una de las características más negativas e impropias de una institución científico-tecnológica moderna. Esto contrasta con otras instituciones de investigación y desarrollo y académicas, como el CONICET y sus institutos, también INTA, INTI, etc., y las Universidades Nacionales, donde existen cuerpos colegiados con participación de los estamentos que las componen. En CONICET hay representación, elegida, de los científicos/investigadores en el directorio; en las UUNN hay consejo superior y consejos de facultades, elegidos por profesores, estudiantes y no docentes. Estos mecanismos democráticos y participativos están en línea con la organización política básica de nuestro país. Además, determinados cargos se acceden vía concursos abiertos, que propenden a optimizar el nivel científico-técnico-académico de profesores, investigadores y directores de Institutos. En CNEA nada de esto ha ocurrido. Las cabezas, en CNEA y en otras instituciones del sector nuclear, han sido nombradas en muchas oportunidades y crecientemente en años recientes, por razones de afinidad política-ideológica o de amiguismo, sin tener en cuenta mecanismos de optimización de experiencia, idoneidad y logros concretos, que tienden a minimizar errores. En algunos casos, para las cúpulas, el requisito de idoneidad se transformó en meramente declamativo y vacío de contenido real y verificable. Llegamos al límite de haber tenido y tener sociólogos y abogados, sin suficiente experiencia y conocimientos, dirigiendo el sector nuclear. Cada administración que llega nombra a sus máximos colaboradores “a dedo”. Una de las pocas experiencias de participación a través de procesos electivos que venía desde hace más de cinco décadas, en lo que fue alguna vez el departamento de física en CNEA-Buenos Aires, fue desbaratada en la administración anterior a la actual (en 2024). También se suprimieron mecanismos de difusión de ideas (cartelera) donde el personal podía publicar sus puntos de vista. Todo esto conduce además a serios conflictos de intereses. Las autoridades disponen de los recursos, que históricamente no han sido pocos, para sus propios proyectos e ideas en detrimento de muchos otros. No ha habido mecanismos independientes y objetivos de evaluación de proyectos y asignación de recursos. En particular, el debate por el presupuesto debería ser participativo y profundo.
Otro de los problemas graves de la CNEA ha sido, de un tiempo a esta parte, la acentuada ineficiencia de los procesos administrativos (léase compras y muchos otros), lo cual dificulta enormemente el avance ágil de los proyectos esterilizando recursos que la Sociedad Argentina pone a disposición de la CNEA. Quiero dejar bien en claro que la responsabilidad de esta situación es de las cúpulas y no de los trabajadores. Desde hace tiempo ha habido y hay, enquistados, a nivel de una parte de la alta gerencia administrativo-burocrática, individuos no idóneos e inoperantes, que traban y esterilizan los proyectos y que no comprenden que su función es ayudar a los investigadores y tecnólogos a cumplir la misión esencial de la CNEA. Son estos últimos los que deberían conducir la institución. Con su actual capacidad de gestión, la CNEA tiene una muy baja competitividad en términos de estándares internacionales. La cúpula: de Administración y Finanzas, Asuntos Jurídicos, Relaciones Institucionales e Internacionales, etc., cree ser el centro de la institución y retiene, avalada o tolerada por las máximas autoridades, muchos resortes de poder. A pesar de estas taras y de otros grandes obstáculos, que se han ido agravando progresivamente, la CNEA ha sido capaz de alcanzar logros significativos, gracias a numerosos individuos con mucho tesón, dedicación y talento. Hoy la CNEA está viviendo dramáticamente el último acto de un proceso de degradación, siendo además asfixiada salarial y presupuestariamente, y el sector nuclear, en situación análoga, es conducido sin la experiencia y los conocimientos suficientes en el contexto de la “destrucción del Estado desde adentro”.
La CNEA del siglo XXI tiene que ser una institución mucho más participativa y profesionalizada. Quiero traer el ejemplo alemán de gobernanza. Ese modelo, conocido formalmente como Mitbestimmung (codeterminación), se distingue por integrar a los trabajadores directamente en la toma de decisiones estratégicas de la organización o empresa. Las grandes organizaciones y empresas alemanas dividen el gobierno en dos órganos separados: El Consejo de Vigilancia (Aufsichtsrat) es el órgano de supervisión. Aquí es donde ocurre la codeterminación. En organizaciones con más de 2.000 empleados, la ley exige que el 50% de los asientos sean para los representantes de los trabajadores. Su función es nombrar y supervisar a la gerencia, además de aprobar grandes inversiones y decisiones estratégicas. Y el Consejo de Dirección (Vorstand) es el órgano ejecutivo encargado de la gestión diaria. Ninguna persona puede ser miembro de ambos consejos al mismo tiempo, lo que garantiza una separación clara entre quienes ejecutan y quienes supervisan. Además, existen los Comités de Empresa (Betriebsräte). A nivel operativo (en las plantas o dependencias), los empleados eligen un Comité de Empresa. Este órgano tiene derechos legales de información y consulta, y en temas específicos —como horarios, sistemas de vigilancia o criterios de despido— tiene derecho de codeterminación, lo que significa que la empresa no puede actuar sin su consentimiento. La estructura consiste entonces en dos cuerpos colegiados: uno para la conducción operativa y otro para la conducción estratégica y supervisión. Se argumenta que esta estructura responde mejor a los propósitos de un sistema social de mercado y la realidad parece corroborarlo. El objetivo prioritario es la preservación y mejoramiento de los puestos de trabajo y la sostenibilidad de la organización. Todo esto está en línea con el artículo 14 bis de nuestra Constitución Nacional, que garantiza la participación de los trabajadores, y es interesante recordar que no proviene de 1949 sino de 1957 (para desestimar la acusación de “peronista o colectivista”). En CNEA, en consonancia con lo apuntado más arriba, cada departamento y gerencia debería tener consejos elegidos, para garantizar la participación, el sentido de pertenencia y la posibilidad de aportes de aquellos que más experiencia tienen y que contribuyen a llevar adelante los proyectos y actividades con sus conocimientos.
El otro gran eje de esta presentación es la ciencia y la tecnología que debieran constituir los pivotes vertebradores de la actividad en CNEA. Esta debería continuar siendo una de las grandes organizaciones de CyT de nuestro país, con sesgo temático hacia lo nuclear y perinuclear, la generación energética en sus diferentes formas (CNEA ha tenido y tiene una larga y exitosa actividad en energía solar, tanto en aplicaciones terrestres como satelitales y debería profundizar en esa línea), las múltiples aplicaciones a la salud (p.ej., a nuevas formas de radioterapia como BNCT), al ambiente y a la industria y la investigación básica y aplicada en las ciencias base de la tecnología nuclear (Ciencia de Materiales, Ingenierías, Radiobiología, Física, Química, etc.). A la par de la tecnología de reactores se debería impulsar la tecnología de aceleradores que es la otra gran vertiente de la ciencia y tecnología nuclear. Estas máquinas tienen importantes aplicaciones en producción de radioisótopos, en radioterapia, en aplicaciones industriales, y podrían llegar a tener un impacto en producción de energía y digestión de residuos muy radiotóxicos a través de los denominados sistemas ADS (Accelerator Driven Systems). 
En vista del cambio climático y la imperativa desactivación de los combustibles fósiles, se prevé que la energía nuclear va a jugar un rol importante y debería entonces seguir siendo uno de los principales Leitmotiv de la CNEA. Como mínimo se prevé la triplicación de la capacidad nucleoeléctrica instalada en el mundo para el 2050 lo cual representa un enorme desafío y la perspectiva de un gran negocio. Las energías renovables y la nuclear se deberían complementar.
En cuanto a la tecnología de generación nucleoeléctrica creemos que aquella que dominamos, es decir la de uranio natural y agua pesada (D2O), HWR/CANDU, tiene que seguir siendo la más importante para nosotros. Como veremos, no hay beneficio en utilizar la tecnología de enriquecimiento. Esto no solo por las varias ventajas comparativas entre las que se cuenta que el combustible es por lo menos dos veces más barato que el enriquecido (medido por unidad de energía producida, o sea en MWe-h), sino que fundamentalmente porque lo producimos nosotros y nos da independencia tecnológica y seguridad energética. El mundo ha experimentado recientemente que esos dos elementos son esenciales para el bienestar y la seguridad de las sociedades. Comparando las dos tecnologías de un modo integral, y teniendo en cuenta la producción de radioisótopos en CANDU, el costo nivelado de la energía, LCOE, es algo menor que para LWR. Tenemos el dominio de todo el ciclo de combustible y de la tecnología CANDU. Tenemos también uranio, que debe ser explotado prioritariamente para nuestro consumo, la capacidad de producir UO2 en Dioxitek, combustibles en CNEA y CONUAR, a NA-SA (como diseñadora, constructora y operadora de centrales) y una industria que domina esa tecnología. Y tenemos la capacidad, fruto de grandes inversiones y esfuerzos, de producir nuestro propio D2O en la PIAP (hoy completamente desfinanciada), un insumo estratégico de altísimo valor agregado y escaso a nivel mundial, con múltiples aplicaciones. Esta tecnología, que nos ha permitido producir un 7-9% de la electricidad consumida en nuestro país, sufrió un intento de destrucción en el período 2017-2019, algo que desde APCNEAN calificamos de acción de lesa patria, y que fue revertido en 2021, por iniciativa de la gestión del Ing. J.L. Antúnez en NA-SA. Toda esta infraestructura y know how nos van a permitir expandir la participación de la nuclear en nuestra matriz energética y participar de un negocio, tanto en bienes como servicios, que tiene grandes perspectivas con el repotenciamiento de la tecnología CANDU en Canadá, que se suma al gran desarrollo de la India en esta línea. La nueva situación geopolítica mundial hace probable que Canadá cofinancie la expansión de esta tecnología en nuestro país, como lo está haciendo en Rumania. Esto también impulsará y maximizará la participación de la industria nacional de alta calidad, algo esencial para el futuro de nuestro país. Vale mencionar que los SMR (Small Modular Reactors), tan de moda en estos días, también pueden funcionar con Unat y D2O (hay varios diseños y máquinas de entre 200 y 300 MWe). Pero que quede dicho: los SMR, salvo para aplicaciones nicho, no pueden competir económicamente con las centrales grandes. También la versatilidad del tipo de combustible en la tecnología HWR aconseja dedicar esfuerzos al ciclo del torio, que es una promesa de obtener energía prácticamente inagotable a través del breeding de 233U. El ciclo del torio tiene la otra gran ventaja de minimizar la producción de transuránidos de larga vida media y gran radiotoxicidad. 
Como conclusiones, el cambio del estilo de gobernanza, el involucramiento de CNEA en toda la actividad de I&D descripta y la coordinación del sector nuclear deberían ser los pilares de su razón de ser en el futuro.